Tuesday, October 25, 2016

2016.10.47

Hélène Normand, Les rapaces dans les mondes grec et romain: catégorisation, représentations culturelles et pratiques. Scripta Antiqua, 80. Bordeaux: Ausonius Éditions, 2015. Pp. 732. ISBN 9782356131423. €30.00 (pb).

Reviewed by Míriam Librán Moreno, Universidad de Extremadura (mlibmor@unex.es)

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[La autora de esta reseña desea presentar sus disculpas a la autora del libro y a los editores de BMCR por la tardanza en enviarla.]

La clasificación y definición del orden de las aves rapaces es uno de los asuntos que más trae de cabeza a los ornitólogos actuales, que a veces suelen postular de forma jocosa que es busardo todo lo que no sea águila, buitre o halcón, y viceversa. Pese a la dificultad que entraña, estudiar este orden de aves no es una tarea tan ingrata como pueda parecer a los no iniciados, ya que las aves rapaces han despertado, desde los tiempos más remotos, la fascinación de los seres humanos en prácticamente todas las culturas.

Griegos y romanos no iban a ser menos. La admiración prodigada a las aves rapaces en Grecia y Roma ha dejado numerosos e importantes testimonios tanto escritos como artísticos, pero hasta la fecha no se había escrito un libro cuyo tema único fuera el estudio conjunto y pormenorizado de todas las aves rapaces conocidas por griegos y romanos. Existen manuales bien conocidos que describen, desde perspectivas tanto zoológicas como culturales, a todas las aves en la cultura grecolatina, incluyendo las aves rapaces pero sin detenerse con especial interés en ellas. 1 Lo que no existe, aun así, es un estudio de conjunto de suficiente amplitud que analice el orden de las aves rapaces como un todo, estudie las características específicas de cada especie en la percepción cultural de griegos y romanos y dilucide si Grecia y Roma contaba con una categoría zoológica y cultural que se pudiera corresponder con nuestro concepto de "aves rapaces". El libro objeto de la presente reseña busca subsanar esta laguna.

Este volumen es una versión ligeramente revisada (p. 1) de la tesis doctoral defendida por la autora (en adelante N.) en 2014 en la universidad de Paul-Valéry Montpellier 3 (Francia). Es un libro de muy sustancial envergadura (más de 700 pp.) que, como no podía ser de otra forma, manifiesta varias de las virtudes y defectos aparejados a su origen como tesis doctoral.

Este volumen pretende responder a un triple interrogante: ¿Es posible hablar de una categoría de "aves de presa" en la cultura grecorromana? ¿Hay diferencias de concepción y percepción entre Grecia y Roma? ¿Cuál es la imagen cultural de las aves rapaces como especies orníticas concretas y como orden faunístico general?. N. estudia estas cuestiones de forma comparativa y diacrónica en un marco temporal muy extenso (desde Homero hasta la Antigüedad tardía), aunque deja de lado el testimonio de la Grecia micénica, la Italia prerromana y los autores cristianos, cuyos condicionantes específicos afectan a la percepción cultural de las aves rapaces (pp. 7-8). N. concede igual importancia a tratados técnicos y a obras poéticas y de ficción, se centra en el papel que desempeñan las aves rapaces tanto en el imaginario colectivo como en la vida cotidiana de ambos pueblos (p. 11) y complementa la información aportada por los textos con la obtenida de las representaciones artísticas (p. 12), que ilustran profusamente el libro.

El libro se divide en tres grandes partes, subdivididas a su vez en un gran número de secciones. Dichas secciones están dotadas de un título propio encaminado a facilitar la lectura; sin embargo, en ocasiones su propia abundancia oscurece el hilo conductor de la sección a la que pertenecen. El material tratado en estas tres partes es muy extenso y muy diverso, por lo que me limitaré a resumirlo de forma muy general.

La primera de las mencionadas partes se centra en la existencia (o no) de una categoría de aves rapaces en la Antigüedad grecolatina (pp. 15-203). Tras realizar un análisis semántico y literario, la autora concluye que, en griego, el término γαμψώνυχες, documentado por primera vez en los poemas homéricos, llegó a emplearse para designar a la categoría entera de aves rapaces, tanto nocturnas como diurnas. Tantos los autores de tratados técnicos como los poetas empleaban por igual dicha designación. No ocurría lo mismo en Roma: excepción hecha de en los tratados científicos influidos por los autores griegos, no existía un término unívoco propiamente latino que designara a todas las aves rapaces, tanto diurnas como nocturnas, como parte de un mismo orden ornítico. Por el contrario, los latinos preferían clasificar a las aves rapaces en grupos distintos, incompletos y parciales, basándose sobre todo en la función que pudieran desempeñar desde el punto de vista del observador humano (como, por ejemplo, el grupo de aves augurales y necrófagas). Esta parte del libro incluye un estudio semántico y literario de todos los zoónimos que designan a las rapaces, desde los más comunes a los más obscuros, que ha resultado de gran interés y utilidad a la presente reseñista. Me hubiera gustado, aun así, que N. hubiera dedicado algunas líneas a una cuestión espinosa que versa sobre un posible zoónimo que N. no recoge: ¿puede στρουθῶν significar "águila" en A. Ag. 145?

La segunda parte estudia las representaciones culturales de las distintas especies que hoy subsumimos en la categoría de aves rapaces (pp. 207-526). Es esta la parte que aprovechará más tanto a los amantes de las aves como a los interesados en la historia cultural grecolatina. N. propone que algunos zoónimos se definen más por su imagen cultural que por sus características zoológicas. La autora examina los testimonios literarios, científicos y artísticos sobre accipitriformes (grandes águilas, buitres -incluido el quebrantahuesos-, halcones, azores, milanos y cernícalos) y estrigiformes (búhos, mochuelos y lechuzas). Para griegos y romanos, el águila, por ejemplo, encarnaba la idea de realeza, poderío bélico e invencibilidad. Su reputación entre griegos y romanos era, por tanto, excelente. En cambio, la visión del buitre es casi completamente negativa. Se le entiende como una especie de águila a la inversa, en tanto que se alimenta de carroña, muchas veces está posado en el suelo y está aquejado por defectos como la codicia, la glotonería, la cobardía y la crueldad. 2 Sin embargo, para los romanos la imagen del buitre tenía algún ligero matiz positivo, derivado de su papel augural en la leyenda de la fundación de Roma. En cuanto a las rapaces diurnas de tamaño menor (ἱέραξ, κίρκος, accipiter), griegos y romanos destacan su velocidad y su vigor. Los griegos los consideraban casi en pie de igualdad con las grandes águilas, mientras que los romanos los dotaban de alguna característica negativa como un carácter de ladrón violento. El caso de las rapaces nocturnas resulta muy complejo. En Grecia, aves como el mochuelo eran vistas con gran simpatía y respeto por su asociación con Atenea. El resto de estrigiformes como la lechuza o el búho real no despertaba especialmente miedo. Todo lo contrario ocurría en Roma, donde las aves estrigiformes traían invariablemente malos presagios y estaban dotadas de un carácter enteramente negativo. De hecho, el criterio según el cual los romanos distinguían entre las varias aves estrigiformes no era tanto una morfología específica, sino la reacción que provocaran: si el animal no despertaba miedo en quien lo observaba, recibía el nombre de noctua, fuera la especie que fuera. Si en cambio tenía carácter nefasto y terrorífico, se le denominaba bubo, fuera o no búho real o cárabo. La autora concluye que la visión cultural de las aves rapaces permaneció muy estable hasta finales de la antigüedad, hasta que dos nuevos acontecimientos culturales e ideológicos introdujeron cambios significativos en la mentalidad grecorromana: la introducción de la cetrería desde Oriente medio y la conversión del cristianismo en fuerza ideológica definitiva en el imperio.

La tercera parte analiza la relación entre hombres y aves rapaces en la vida cotidiana de griegos y romanos e indaga en si existía para griegos y romanos una categoría más pertinente que el concepto moderno de "ave rapaz" mediante la que analizar a este grupo de aves (pp. 529-614). Entre otros muchos y muy variados asuntos, la autora explora la caza con aves rapaces, las aves como animales de compañía, las aves proféticas y augurales y las aves carroñeras. Es esta la parte quizá menos original y por tanto más prescindible del libro.

El libro de cierra con cinco anexos (1: índice de zoónimos en los textos griegos; 2: índice de zoónimos en los textos latinos; 3: clasificación semántica de los zoónimos griegos; 4: clasificación semántica de los zoónimos latinos; 5: uso de οἰωνός en la literatura griega), una bibliografía muy amplia sin omisiones notables, un índice de pasajes citados y un índice de ornitónimos en griego, latín y francés. N. ha hecho todo lo que estaba en su mano para facilitar la consulta del volumen.

Pese a que el enfoque de la autora es fundamentalmente la visión cultural de las aves rapaces y no la precisión o imprecisión del conocimiento ornitológico grecolatino (p. 11), no he apreciado datos que demuestren errores significativos en materia ornitológica 3, lo que revela tanto el buen hacer de N. como la colaboración de los naturalistas que N. menciona (p. 1). Es esta una decisión que saludo con entusiasmo: la colaboración de filólogos clásicos con científicos sólo puede redundar en beneficio de nuestra disciplina.

Ninguna obra humana, aun así, está libre de defectos. Quizá el mayor reparo que quien suscribe ha encontrado en el presente libro es la poca claridad con respecto al tipo de público al que va dirigido. N. confiesa que su libro no es un estudio centrado en la identificación de zoónimos ni una enciclopedia del saber antiguo relativo a las aves rapaces (p. 13). La información es abundantísima (en ocasiones tal vez demasiado) y N. ha hecho un gran esfuerzo de síntesis y orden, como se demuestra en la larga conclusión final (pp. 615-623), en los completos índices y en la tabla de contenidos (pp. 725-732), pero aun así, el libro habita una extraña tierra de nadie: no es óptimo como libro de consulta o manual sobre las aves rapaces en la cultura grecolatina (no es sencillo buscar una referencia concreta o dato individual), pero su propia extensión y la densidad y heterogeneidad de la información presentada detraen de su valor como visión de conjunto de las creencias grecorromanas sobre las aves rapaces. Cabría plantearse una sustancial abreviación que hiciera su manejo más sencillo y que diera el necesario valor al tesoro de información que guardan sus páginas.

A la pregunta de si la autora ha concluido con éxito su triple propósito de evaluar la existencia de una categoría de aves rapaces en Grecia y Roma, definir la imagen cultural de las diferentes especies y estudiar la relación que une a los seres humanos con estas aves (p. 13), no cabe dar otra respuesta que un rotundo sí. Todo aquel que esté interesado en la visión de las aves en el mundo clásico encontrará provechoso y estimulante este libro.



Notes:


1.   Para Grecia: K. Thompson, A Glossary of Greek Birds, London 1895; O. Keller, Die antike Tierwelt vol. II, Leipzig 1913; W. G. Arnott, Birds in the Ancient World from A to Z, London-New York 2007. Para Roma: J. André, Les noms d' oiseaux en latin, Paris 1967; F. Cappono, Ornithologia latina, Génes 1979.
2.   Comer carroña, visitar vertederos y posarse en el suelo son hábitos que el águila real y el águila imperial comparten con los buitres, por ejemplo, cuando no pueden obtener alimento suficiente por los métodos habituales. Es este un ejemplo del triunfo de la visión cultural sobre la realidad zoológica.
3.   Aunque se podría discutir que los combates de las grandes águilas con venados sean una exageración (pp. 294, 296, 622): hay filmaciones de ataques de águilas reales contra ciervos viejos o enfermos, así como "combates" entre un águila real que busca depredar a una cría de rebeco y la madre de esta. El lector curioso podrá incluso encontrar filmaciones de un águila real ahuyentando a un oso grizzly.

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