Sunday, October 21, 2012

2012.10.42

Daniela Summa (ed.), Inscriptiones Graecae Graeciae septentrionalis, voluminibus VII et VIII non comprehensae. Pars I. Inscriptiones Phocidis, Locridis, Aetoliae, Acarnaniae, insularum maris Ionii, editio altera. Fasc. 5. Inscriptiones Locridis orientalis. Inscriptiones Graecae IX 12, 5. Berlin; Boston: De Gruyter, 2011. Pp. x, 147; xx p. of plates. ISBN 9783110262001. $321.00.

Reviewed by Adolfo J. Domínguez, Universidad Autónoma de Madrid (adolfo.dominguez@uam.es)

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Dentro del proyecto de reedición de los diferentes volúmenes de las Inscriptiones Graecae es ahora el turno del fascículo 5, del volumen IX, parte Ia, dedicado a las inscripciones de la Lócride Oriental. Este volumen viene, así, a sustituir, dentro del programa editorial de la Academia de Ciencias de Berlín, al que editó Wilhelm Dittenberger en 1897.

Aunque esta parte de Grecia no es excesivamente pródiga en hallazgos epigráficos, del incremento de los mismos da buena cuenta la diferencia de espacio dedicado a la edición y estudio de epígrafes entre las dos ediciones. Así, mientras que la edición de 1897 dedicaba 14 páginas a ello, la que aquí reseñamos dedica 91. Por su parte, en el volumen I del Corpus Inscriptionum Graecarum que editó en 1828 Gustav Boeck, las páginas dedicadas a epígrafes de la Lócride Oriental son tan solo 3. El número de epígrafes en la presente edición, que van desde los 5 del CIG a los 84 del IG de 1897 y que llegan ahora a los 268, supone un incremento notable. La editora, Daniela Summa, presenta en cada entrada los datos correspondientes a su hallazgo, bibliografía y ubicación actual, cuando ésta se conoce. Algunos de los epígrafes que fueron recogidos y leídos por Klaffenbach durante su estancia en la región en los años 1933 y 1934 aparecen aquí publicados por primera vez; la editora indica cuándo utiliza la lectura de aquél, especialmente en aquellos casos en los que no ha podido realizarse su autopsia.

Como es habitual en los volúmenes últimamente reeditados de las Inscriptiones Graecae, el presente se inicia con unos Fasti que recogen, en orden cronológico, todos los acontecimientos históricos conocidos para la región, empezando por aquellos que corresponden a la mitología y acabando con el fin de la antigüedad. La utilidad de esta recopilación exhaustiva de fuentes es evidente, no solo para epigrafistas sino también para historiadores en general. Sí echo en falta un par de referencias en esos Fasti y algún matiz: La primera ausencia se refiere a las campañas que los tesalios realizaron contra los focidios antes de las Guerras Médicas (Hdt. 8.279); en una de esas expediciones, Plutarco (Mor. 244B) asegura que los tesalios se dirigieron hasta la Fócide a través del territorio de los locrios (διὰ Λοκρῶν) lo que considero suficiente como para haberlo incluido en la relación de hechos. Falta también una mención de las acuñaciones de la moneda de Escarfia, que se situaría en la primera mitad del s. III a.C.1

Puede introducirse un matiz por lo que al matiz, el mismo se refiere a la fecha de fundación de Locris Epicefiria. La autora, en la entrada 11 de los Fasti, la sitúa en torno al 675, que es la fecha transmitida por la Crónica de Eusebio. Sin embargo, el análisis arqueológico de la zona, algunos hallazgos y otros argumentos parecen sugerir que el asentamiento locrio debió de producirse ya en torno al 700 a.C.2

A continuación siguen las inscripciones agrupadas por su lugar de procedencia; el orden seguido es de sudeste a noroeste, siendo la primera de las ciudades Larimna y la última Escarfia. Para cada una de ellas se dan los datos topográficos de su ubicación así como las informaciones de las fuentes acerca de su nombre y su gentilicio, cuando son conocidos; después viene el análisis individualizado de cada inscripción con informaciones acerca de su hallazgo y ubicación actual, cuando son conocidos, así como la bibliografía previa en el caso de que no sean inéditos. De aquellos que fueron ya vistos y, eventualmente, dibujados o leídos por Klaffenbach se da también noticia. Los criterios de edición siguen los ya desarrollados por la Academia de Berlín que, en general, se adecúan a las prácticas usuales en la epigrafía griega.

Quisiera hacer algunas precisiones sobre alguno de los epígrafes y algunas otras cuestiones. Ante todo, querría destacar el interés que ha mostrado la autora por conocer, hasta casi el mismo momento de entregar el volumen a la imprenta, las últimas novedades. Destaca, en este sentido, la referencia a una inscripción sobre un pithos procedente de las recientes excavaciones en el Asclepieo de Dafnunte (Agios Konstantinos, localidad Isiomata) (núm. 2017). Aun cuando Summa cita algunos trabajos aún inéditos de la excavadora, M.F. Papakonstantinou, no presenta ninguna imagen de estas importantes dedicatorias al dios de la medicina. El lector, sin embargo, puede encontrar una fotografía a color de uno de los epígrafes publicada en un libro en 2009.3

Por lo que se refiere a Narica, merece un papel importante la hace no demasiado tiempo publicada carta de bronce del emperador Adriano (número 2018) dirigida a la ciudad que, sin embargo, ha recibido ya bastante atención en la bibliografía. De la lectura del texto, del que faltan las últimas líneas, no se desprende, a pesar de que parece haberse convertido en la communis opinio, que a través de ella el emperador haya ratificado el carácter de polis de Narica ante (desconocidos) conflictos con alguna otra ciudad vecina o a causa de su extrema pobreza. Aunque lo primero no puede confirmarse ni desmentirse, lo segundo tal vez sí. En efecto, parece claro, como también acepta Summa, que esta inscripción esté relacionada con la siguiente presentada (número 2019), que es la basa de una escultura dedicada al mismo emperador: Narica seguía teniendo cierta capacidad de gasto en esos momentos, lo que desmentiría esa supuesta pobreza.

Por lo que se refiere a esta última inscripción (2019), puede servirnos también para comentar otro hecho: Asegura Summa en su introducción al epígrafe que, según Pappadakis,4 él mismo lo trasladó al Museo de Tebas donde la autora lo ha buscado en vano. Es muy probable (y no nos detendremos en ello por razones de espacio) que esta afirmación de Pappadakis no sea correcta, en el caso de la inscripción que nos ocupa; en efecto, la piedra debió de permanecer en el sitio en el que ya la vio Pappadakis en 1919 hasta el año 1991, cuando el alcalde y los habitantes de Renghini las trasladaron al depósito municipal de la localidad, según informa Adam5 Sorprende que a Summa, que conoce y cita el libro de Adam, se le haya pasado este detalle y haya buscado en vano la piedra en el Museo de Tebas, donde no parece haber estado nunca; de hecho Adam asegura (en pág. 132) que el epígrafe "se encuentra" (βρίσκεται) en la oficina municipal de Renghini.

Lo mismo podemos decir de los números 2020 y 2021, también de Narica, y que Summa ha buscado en vano en el Museo de Tebas. Según asegura Pappadakis, él mismo se ocupó de que ambos epígrafes se trasladasen a la escuela municipal de Ritzeri (actualmente llamado Kalidromo); cuestión distinta es qué haya ocurrido con ellos después de ese momento, pero quizá no fueron trasladados nunca, como ocurre con algunos de los epígrafes mencionados anteriormente.

Otro problema plantea el lugar conocido tanto como Ανίφτσα o Ανίβιτσα (ο Ανίβιτζα), pero también Παλιανίφτσα y Άγιος Ιωάννης, situado a 6-7 km. al sur-sudeste de Renghini. Todos esos nombres corresponden al mismo sitio, como muestra Adam, excelente conocedor de la zona.6 A pesar de ello, y aunque Summa parece ser consciente de ese hecho (vid. comentario a inscripción número 2022), separa los epígrafes procedentes de ese sitio entre los correspondientes a Narica (2022, 2025) y a Tronio (2034 y 2035). No entendemos la razón por la cual hizo esto, puesto que, obviamente, deberían haber figurado juntos, así como el número 2026 que, frente a lo que asegura Summa, no se halló en Renghini sino en ese mismo lugar, como muestra Adam, que fue quien dio noticia de esta inscripción por primera vez.7 Es probable que este sitio, a tenor de la concentración allí de epígrafes y otros hallazgos, pueda corresponder a alguno de los topónimos aún no identificados de la Lócride Oriental.

En cuanto al epígrafe 2040, correspondiente a Escarfia, y aunque sea poco relevante, habría que indicar que en la publicación de Dittenberger (IG X 1, 316) se asegura que se encontraba en la casa de Pantelis Dimitriu. Summa, no obstante, le cambia el nombre al propietario y le llama (¿por error?) Δημήτριος Δημητρίου.

En cuanto a los loca incerta, habría que destacar que Alpono/Alpeno (pp. 114-115) ha sido ubicada en la colina de Psilopyrgos desde Vischer 8 en adelante. Es uno de los casos en los que, aunque por el momento no haya confirmación epigráfica, coinciden a la perfección los datos topográficos con los transmitidos por las fuentes. Pritchett 9 publica un croquis que realizó en 1937 Oldfather, de gran utilidad porque buena parte de los restos que entonces se veían hoy no son visibles. Summa recoge la idea de Pritchett 10 de que tras el terremoto del 426 a.C. Alpeno se trasladó al sitio conocido como Paliokastro Anavras (p. 114); sin embargo, en la prospección que el equipo de la Universidad Autónoma de Madrid bajo mi dirección y en colaboración con la Eforía de Lamía llevó a cabo en el yacimiento, y cuyos resultados esperamos que pronto vean la luz, se hallaron en el sitio cerámicas de época tardo-clásica y helenística, lo que invalidaría la tesis de Pritchett.

En cuanto a Nicea, otro de los lugares desconocidos de Summa (p. 115), creemos haberla localizado en una colina situada a 1,5 km. al sudoeste de Αγία Τριάδα y a 2 km. al este de Alpono. En la publicación a la que he aludido daremos más informaciones al respecto.

El fascículo se completa con los índices habituales en los recientes volúmenes de Inscriptiones Graecae: correspondencia entre las inscripciones del presente volumen y los restantes repertorios en los que muchas de ellas han sido publicadas, nombres personales, reyes y emperadores romanos, nombres geográficos, asuntos públicos, administración romana, asuntos sagrados, índice de palabras, términos poéticos e índice gramatical. Se incluye también un mapa del territorio y las láminas que, en general, son de buena calidad aunque en ocasiones resulta difícil, por el tamaño de la reproducción o por las condiciones de iluminación de la imagen, poder seguir las lecturas. Como es también la norma en la serie, todos los textos están escritos en latín.

En definitiva, y a pesar de las pequeñas observaciones que he realizado, creo que el presente fascículo es un instrumento de gran relevancia para el estudio histórico y epigráfico de la Lócride Oriental, fruto de un largo trabajo desarrollado a partir de 2004 y que ha dado como resultado, además de la revisión de los epígrafes ya conocidos a partir de publicaciones y corpora previos, la introducción de 68 nuevas inscripciones previamente inéditas.



Notes:


1.   E. Georgiou, "Σκάρφη, πόλις Λοκρίδος", en Κέρματα Φιλίας. Τιμητικός τόμος για τον Ι. Τουράτσογλου, I. Atenas, 2009, pp. 81-95. Summa, no obstante, sí conoce este trabajo, que cita en otro contexto.
2.   C. Sabbione, "South Calabria. The Aegean and Eastern-Mediterranean contribution and influence", en N.C. Stampolidis (ed.) Sea Routes... From Sidon to Huelva. Interconnections in the Mediterranean 16th-6th c. BC.. Atenas, 2003, p. 185.
3.   F. Dakoronia, "East Lokris", en A.G. Vlachopoulos, (ed.) Archaeology. Euboea and Central Greece. Atenas, 2009, p. 282, fig. 464.
4.   N.G. Pappadakis, "Β' Ἀρχαιολογική Περιφέρεια. Περισυλλογή ἀρχαίων. Τυχαία εὐρήματα. Ἄλλη ἔρευνα τῆς περιφέρειας", Ἀρχ. Δελτ., 6, 1920-1921, Παράρτ., p. 139.
5.   D.P. Adam, Λοκρικά. Lamía, 2001, p. 99 (fotografía), p. 132, p. 393-394. Hay una pequeña contradicción en las fechas puesto que, mientras que Adam asegura en el pie de la foto (p. 99) que la piedra se trasladó a Renghini el 25 de mayo de 1990, en otro lugar (pp. 393-394) da como 1991 la fecha del traslado.
6.   Ibid., p. 386.
7.   Ibid., p. 75 (n. 11), 115.
8.   W. Vischer, Erinnerungen und Eindrücke aus Griechenland, Basilea, 1857, p. 637.
9.   W.K. Pritchett, Studies in Greek Topography. Part V. Berkeley, 1985, p. 186.
10.   W.K. Pritchett, Studies in Ancient Greek Topography. Part IV (Passes). Berkeley, 1982, p. 164.

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